Las redes sociales son entidades privadas y por su presencia en nuestra vida cotidiana entran en el orden público

 

Hace algunas semanas la red social Twitter tomó la decisión de cerrar la cuenta del entonces presidente Donald Trump, la decisión causó debate entre la población en general y los usuarios de la plataforma. Algunos opinaron que había sido un acto de censura y otros como un acto de responsabilidad de la red social para evitar propagar mensajes que incitan a la violencia.

En entrevista con UNAMGLOBAL, Pablo Pruneda Gross, coordinador de Investigación de Derecho e Inteligencia Artificial del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, explicó que estas tecnologías ya son parte de parte de nuestra vida, son nuestra manera de informarnos y de informar, pero se están auto regulando. “Sancionó a un usuario que cuenta  con millones de seguidores que se informan a través de lo que dice y que, según sus códigos, los incita a cometer actos en contra del propio Estado que encabeza, por ello su decisión de cerrar la cuenta”

De acuerdo con Pruneda Gross, hay que distinguir el lugar donde se genera la controversia, ya que se puede o no sancionar a alguien  que incite a sus seguidores a cometer actos que van contra la ley o por difundir noticias falsas (fake news), ya que el uso de las plataformas debe ser  responsable, sobre todo para los que tienen mucha influencia.

La controversia no debería estar en limitar o no las voces cuando hacen mal uso de ella. ¿La empresa por sí misma tiene derecho a sancionar a alguien cuando sus códigos internos han sido violados?, “¿debe ser la empresa o las entidades públicas de justicia?”

Comentó que este debate es interesante porque hay varias visiones, la visión norteamericana habilita a las empresas para que ellas se auto regulen y en la visión europea se emiten dos directivas que buscan regular a las plataformas y darle facultades al Estado para sancionar a través de multas.

Las redes sociales son entidades privadas y por su presencia en nuestra vida cotidiana entran en el orden público y se tienen que sujetar a normatividades que las regulen, “que den una cancha pareja a todos los usuarios que hacemos uso de ellas”.

Explicó que otro problema lo encontramos en las “news feed”, los algoritmos que distinguen y filtran la información que nos llega, ya que dan el contenido que cada usuario quiere ver, analizan los patrones de conducta y preferencias.

Esto nos lleva a la capacidad de regular esta información, la polarización social encuentra tierra fértil en estos aspectos, ya que una persona que es proclive a una ideología o personaje político, va a recibir solamente  información afín a esta ideología y  no da cabida a lo opuesto, “quitan visión universal y parcializan la forma de ver el mundo”.

La regulación en México no existe, somos observadores pasivos de estos fenómenos y no estamos claros de hasta donde debemos participar en el debate regulatorio que, de entrada, no hay.

Hay que hacer conciencia social de la gravedad de que no exista regulación porque incide en nuestras vidas, “hay de dos caminos: dejar que se regulen por sí mismas o crear bases jurídicas para sancionarlos porque, hoy por hoy, no hay elementos jurídicos para combatir”.